Recuerdo bien el día en el que me enfrenté a mi entrenador de baloncesto. Era un tipo desagradable, que nos arengaba a base de broncas, que nos controlaba a través del miedo. En la media parte de un partido dije basta; yo debía tener 17 años. Le solté todo lo que pensaba de él, sin perder la compostura. Me desaté las zapatillas, me marché, y nunca jamás volví a verle. Soy una persona de decisiones drásticas, no lo niego. Pero si de algo estás convencido, ¿por qué vas a dudar?

Nunca me ha gustado perder el tiempo ni que los demás lo pierdan por mi culpa. Por eso he medido siempre mucho mis decisiones, mis retos, mis compañeros de viaje, de trabajo. La vida es demasiado corta como para andarnos con chorradas. Sigo la misma filosofía cuando una empresa, la que sea, piensa en mi para una campaña. Nunca me ha gustado convertirme en la imagen de nada ni de nadie sin vincularlo a un mensaje, a un objetivo que pueda compartir. Sí me gusta, en cambio, y de hecho es algo que me encanta, convertirme en prescriptor. Pero siempre y cuando reine la confianza y el proyecto me genere empatía, una chispa, una sensación de camino en común que va mucho más allá del dinero que yo pueda percibir o del incremento de ventas que la marca consiga.

He confiado en SLASTIK porque son demasiadas las cosas que compartimos como para dejar escapar la oportunidad. Sí, es verdad, son solo unas gafas. O quizás no, y eso es precisamente lo que más me ha atraído de esta compañía creada, para mayor gozo de un servidor, en la ciudad en la que yo nací. Sé lo que es ser empresario. Sé lo complicado que es competir con grandes marcas internacionales, la mayoría de las cuales se dedican a mantener una misma y monótona línea, sin tomar riesgos. SLASTIK propone un producto al que, algunos pensarán, poco se podía añadir. Ellos lo han hecho, y solo por eso, porque valoro y admiro al que toma senderos sinuosos, creo que es una excelente idea unir mi humilde nombre al suyo.

‘Always fit. Las gafas que se adaptan, hagas lo que hagas’. Adaptarse es un concepto manido al que muchos recorren cuando buscan un renacimiento que no está definido. Como los que hablan de reinventarse; otro modo de decir ‘no tengo ni idea de hacia dónde voy, pero todo se andará’. SLASTIK sabe muy bien lo que tiene entre manos porque conoce tanto el mundo de la óptica como el público para el que moldea sus productos. Decía antes que me considero más un prescriptor que un chico anuncio. Y por eso, antes de lanzarnos a grabar o a escribir, pedí que me dejaran probar las gafas. He corrido con ellas, he salido en bici, he sacado a mi perro a pasear… Creo que no he vuelto a sacármelas de encima, y os habla alguien que es un fanático de las lentes desde hace muchos años, tanto para hacer deporte como para ir por la calle.

Sirva este primer post para daros la bienvenida al blog de SLASTIK, en el que hablaremos de deporte, de límites del cuerpo humano, de los retos. Y, claro, también de gafas.

Un saludo a todos,
Josef Ajram